Antes de convertirse en una voz de referencia cuando se habla de Bitcoin, criptomonedas e inclusión financiera en América Latina, Daiana Gómez Banegas ya venía construyendo un recorrido profesional poco convencional, atravesado por el Derecho, la tecnología y una fuerte vocación social. Formada en la Universidad Nacional de Córdoba y a pocos finales de recibirse de abogada, su perfil combina experiencia jurídica aplicada a la innovación con un trabajo sostenido como speaker, divulgadora y educadora en tecnologías emergentes, siempre con una mirada crítica y enfocada en la construcción de comunidad.
Daiana no llegó al mundo cripto desde la especulación ni desde el entusiasmo pasajero, sino desde una necesidad profesional concreta. En 2016, mientras realizaba estudios de viabilidad de patentes de inteligencia artificial para un cliente del exterior, se encontró con una limitación frecuente para quienes trabajan desde Argentina: cómo cobrar sin que el sistema financiero tradicional vuelva inviable el trabajo. La respuesta fue Bitcoin. Lo que comenzó como una simple pasarela de pago terminó abriendo la puerta a una comunidad, a nuevas oportunidades laborales y a una industria que por entonces era completamente embrionaria. Grupos pequeños, intercambios persona a persona basados en la reputación y una lógica colaborativa marcaron esos primeros años, muy lejos del ecosistema sofisticado que existe hoy.
Ese recorrido temprano le permitió integrarse a proyectos clave del sector, participar en la ONG y la conferencia Bitconf en Argentina y acompañar, desde una perspectiva legal, el crecimiento de servicios y plataformas que hoy son centrales en el ecosistema cripto local. Con diez años de experiencia articulando lo legal, lo tecnológico y lo social, su trabajo se fue consolidando en un eje claro: acercar las tecnologías emergentes a más personas, especialmente a quienes están fuera del sistema financiero tradicional.
Desde esa convicción fundó Mujeres en Bitcoin (MuBit), un proyecto que combina educación, análisis, producción de datos y construcción de redes para fomentar la adopción tecnológica y la justicia financiera. La elección del nombre no es casual ni meramente simbólica. Daiana explica que llamar al proyecto Mujeres en Bitcoin fue, ante todo, una toma de posición: un statement. En una industria cripto todavía pequeña en términos de adopción global pero extremadamente diversa —y muchas veces confusa— Bitcoin representa, para ella, un estándar de seguridad, confianza y reglas monetarias claras que no todas las criptomonedas ofrecen.
En ese sentido, sostiene que Bitcoin funciona también como un primer filtro para diferenciar proyectos legítimos de propuestas de alto riesgo o directamente fraudulentas. Dentro de los llamados círculos maximalistas —donde se defiende a Bitcoin como el activo más sólido del ecosistema— no existían, hasta entonces, comunidades integradas y lideradas por mujeres. No había espacios que combinaran una convicción técnica fuerte con una perspectiva de género y formación accesible. MuBit nace, así, para ocupar ese vacío, sin negar la diversidad de herramientas tecnológicas disponibles, pero entendiendo que no todas ofrecen las mismas garantías.
Apoyándose en las definiciones del divulgador y educador Andreas Antonopoulos, Daiana explica que Bitcoin es, al mismo tiempo, tres cosas: un software —tan concreto como una aplicación o un protocolo de Internet—, una plataforma de intercambio que permite transacciones directas entre pares, y una unidad de cuenta fraccionable hasta en dieciocho decimales. Esa característica técnica habilita algo inédito: la posibilidad de invertir desde montos mínimos, acceder a una reserva de valor a largo plazo y participar del sistema financiero sin intermediarios, sin necesidad de grandes capitales y con reglas transparentes.
Su labor profesional también incluye la participación como columnista en diversos medios de comunicación, donde aporta análisis, contexto y mirada crítica sobre criptomonedas y economía digital. En un escenario donde, según reportes globales, las mujeres representaban apenas el 15 % de los usuarios de criptomonedas a nivel mundial, Daiana trabaja activamente para reducir esa brecha, convencida de que el acceso al conocimiento es una condición indispensable para la autonomía económica.
“Bitcoin me hizo ser más feminista y ser más feminista me hizo ser más bitcoiner”, repite como lema, sintetizando una trayectoria donde la tecnología no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para ampliar derechos, democratizar la inversión y construir futuros más justos.
¿Cuándo y cómo se fundó Mujeres en Bitcoin?
Es el resultado del derrotero de varios proyectos. Empezamos a trabajar formalmente como equipo desde octubre del 2024. Primero lo sentíamos más como una comunidad, como un grupo de ideas, y cuando dijimos acá hay una propuesta de valor sostenible, tanto para la industria como para los usuarios, dijimos: podemos hacer un cambio positivo, esto tiene un impacto y es sustentable y recibimos el primer apoyo financiero. Independientemente de la figura jurídica que terminemos teniendo queríamos ser un proyecto de impacto social. O sea, está en nuestra génesis crecer y que esto sea rentable, que sea autosustentable, pero para que llegue a la comunidad. Y creemos que es un mutuo crecimiento. Por un lado, la industria necesita a las mujeres para llegar a la mentada opción masiva. Y por el otro lado, esta es una herramienta que realmente puede cambiar la realidad económica y financiera de las mujeres en periodos de tiempo inferiores a lo que otras herramientas te permitirían.
Las personas que confiaron y nos dieron el primer respaldo, es decir nuestros inversores, son todos varones, paradójicamente y hermosamente. En nuestro equipo de trabajo somos dos socias. Tenemos dos personas trabajando desde El Salvador. Una mujer también que está en Catamarca que se incorporó hace poquito, después tenemos tres advisors permanentes que están en Latinoamérica. Todas mujeres.
¿Cómo es tu formación profesional?
Mi formación es jurídica. Yo tenía una capacitación tecnológica dentro del marco jurídico, siempre me interesó todo lo que era propiedad intelectual, había trabajado mucho tiempo en un estudio jurídico donde hacíamos marcas y patentes en Córdoba. No terminé la carrera de Derecho, me faltan un par de finales para recibirme. Hice toda la cursada y lo que me pasó hacia el final de la carrera era que fue en el boom de Bitcoin o de cripto acá, 2016, 2017, había muy pocas personas que pudieran hablar jurídico y técnico al mismo tiempo y empecé a trabajar mucho y los incentivos para estudiar eran cada vez menores porque esta es una tecnología que se actualiza mucho, sobre todo en esos años, y tuve que elegir: me pongo a preparar el final de historia del derecho o me pongo a leer la última actualización.
¿Cómo es hoy un día de trabajo?
Arranco desde casa, tenemos horarios diferidos pero hacemos un check del equipo en Argentina. Trato de tomarme una horita a la mañana, libre de llamadas para ordenar un poco la agenda del día o de la semana y escribir, porque lo que te pasa con el callback es que terminas todo el tiempo hablando y poco produciendo y después de las diez de la mañana empiezan las llamadas. Primero alinear con el equipo interno, programar en el día los pendientes y después, por ejemplo, ahora estamos con la ejecución de un proyecto para emprendedoras, para darles capacitaciones para incorporar cripto y stablecoins como parte de método de pago y de la estrategia de sustentabilidad de sus proyectos. Entonces, es buscar los contactos a los referentes en nuevas regiones o nuevos lugares a los que acercarle al proyecto para explicar. También fuimos profesoras en una diplomatura en la UTN, entonces, tenés un tiempo de preparado de material, tenés un tiempo de actualización. Eso es lo normal y después tenemos épocas donde tenemos eventos que organizamos nosotros, ahí requiere reparar todo desde la logística, la operatoria, etcétera, y después las capacitaciones en el territorio. Y por ahí son giras de dos días o de una semana, que es lo que más te gratifica al final del día. Saber que estás dejando una herramienta que le puede cambiar la vida a alguien, y yo no lo digo desde una posición teórica o porque te estoy vendiendo un producto. Pero sí me pasó que a mí me cambió la vida, me dio la posibilidad de dar un salto cualitativo en mi economía y en mi proyecto y uno intenta que eso lo pueda utilizar la mayor cantidad de personas posibles y no conozco herramienta formadora más poderosa que una mujer. Por eso trabajar ahí con las madres, con las compañeras, con las cabezas de hogar es tan importante.
¿Y qué te encontrás cuando vas a estos lugares? ¿Qué es lo que les preocupa? ¿Qué preguntas te hacen? ¿Se animan a meterse con esta tecnología?
La mayoría lo veía como algo ajeno, y sentía que era imposible para su vida. Lo veía como tener acciones en Wall Street o ser accionista de J. P. Morgan, imposible para la realidad y para la vida cotidiana. Y eso es un gran cambio que es lo que nos motiva mucho cuando ven que esto es posible y que pueden participar. Inclusive en las que avanzan en un periodo de formación un poco más largo hay un efecto empoderador: decir yo sé algo que tiene valor y que por ahí los otros no sabían y lo puedo compartir . Y ahí hay una cosa que es linda de ver, pero las preocupaciones están en la diaria. Estamos en un país que presenta realidades económicas muy duras y muy disímiles. Entonces, la primera preocupación es que no las estafen. Y hoy por hoy es la barrera más grande para la adopción. Hace un par de años, por ahí la industria decía: la barrera más grande para la adopción es la regulación, la legislación, la incertidumbre. Y nosotros desde ese momento ya advertíamos que no, la barrera más grande son las estafas, porque son las que alejan a la persona. Cuando superás esa barrera, la otra preocupación es: ¿Y yo esto cómo lo hago líquido? Y ahí hay que intervenir con esta doble mirada. Por un lado: mirar que es el activo más líquido del mundo. En Argentina tenés más de doce proveedores de liquidez, donde literalmente lo pasás a pesos. Y por otro lado, aprovechar para hacer un poco de educación financiera: sin importar cuál sea el origen de tu ingreso y cuál sea el monto de tu ingreso, siempre hay un pequeño porcentaje que podés destinar a una previsión a mediano o largo plazo. Y que por ahí el desafío de incorporar esto es no pensar cuándo lo voy a gastar, sino cómo puedo hacer para que esta sea la piedra angular de ahorro o de acceso a otros bienes. Entonces, ir con esa estrategia de no volverse rico o de no tenerlo pensando en cuándo lo voy a gastar.
Estás trabajando en un ámbito donde se cruzan dos mundos aún muy masculinizados como son las finanzas y las tecnologías. ¿Qué cambio cultural tiene que haber para que esto se supere?
Por un lado, a nivel mujeres, es empezar a hablar del dinero. A mí me gustaría para el día de la mujer hacer un solo evento que se llama “Guita”. Y que discutamos el dinero y nuestro vínculo con el dinero como fuente de acceso a otros derechos, es la gran discusión pendiente para hablar de igualdad. Hablamos del derecho a trabajar, pero todavía no estamos hablando de lo que debemos cobrar por ello. Cuando estás en relación de dependencia es más fácil, pero cuando le tenés que poner tu propio valor al trabajo cuesta un montón. Por un lado, tenemos que cambiar nuestro vínculo con el dinero, que a mí me cuesta un montón, yo aprendí a ponerle precio al trabajo cuando nació mi hijo y tuve que contratar a una niñera, porque dije no puedo ganar menos de lo que me sale pagar la hora de cuidado. Parece una estupidez, pero fue lo que me dio la primera noción de tiempo real para cobrar sin culpa. Y por el otro lado, a nivel de industria, hace falta hacer un cambio profundo porque se sostienen lemas en la industria cripto, tienen muchos esloganes: te dicen que la tecnología no tiene género o que a la tecnología no le importa si sos hombre y mujer. A la tecnología puede que no le importe. Pero hay muchas barreras culturales para que eso sea accesible. Entonces la industria se tiene que dar cuenta, y hablo de los protagonistas, si quiere crecer, va a tener que ser un discurso diferenciador o va a tener que cambiar esa tónica. Y el cambio es profundo, es darse cuenta que si queremos que esto sea para todos, tienen que ser también para todas. Y ahí hay que hacer un click, pero es profundamente cultural. Además en las empresas, la mayoría de los directorios son compuestos por varones, y las decisiones del marketing las toman varones, y lo que atrae la narrativa a un varón no lo atrae una mujer.
Menos del 30% a por ciento de usuarios de cripto en Argentina son mujeres. ¿Esa cifra sigue siendo vigente?
Es cierto, es un dato que relevamos a partir de marzo del 2025. Nos compartieron información, distintos exchanges: Bitso, Lemon y Ripio, son los que más users tienen en Latinoamérica, la muestra es representativa y en base a eso en promedio podemos calcular que el 30% solamente de los usuarios son mujeres, pero que si vamos al decil superior, o sea, a los usuarios que más fondos tienen la representación baja. En el ámbito laboral las mujeres en Argentina no superamos a nivel industria el 20% de las plazas, también notamos que las mujeres que están dentro de la industria tienden a intercambiar más y guardar más moneditas estables y luego de bitcoins. Y en el caso de los varones es diferente porque suelen tener más variedad de tokens, buscan estas moneditas de más riesgos, o que dan posibilidades de hacer por ahí una ganancia superior.
¿Las mujeres tienden a asumir menos riesgos financieros?
En términos financieros, confluyen dos factores que yo creo que condicionan el comportamiento, que es, por un lado, menor disponibilidad patrimonial, porque si vemos por ejemplo en las cifras de quienes han pagado y ganancias extraordinarias, por ejemplo durante la pandemia, ves que muy pocas mujeres integran ese ranking versus los varones en la puja. Cuando vos vas a las tasas de pobreza, esto se invierte, siete de cada diez personas en situación de pobreza en la Argentina son mujeres entonces hay una objetiva menor disponibilidad de patrimonio sumado a las cargas de familia, las mujeres tenemos más cargas de cuidado tanto de menores como de nuestros mayores, y si vas a los hogares monoparentales de la Argentina, el 90% de los hogares monoparentales en Argentina son monoparentales femeninos. Entonces, hay en términos objetivos una menor disponibilidad de patrimonio que tiene su correlato en la industria cripto, porque también es como el último lugar al que llegás aún cuando decides invertir. Es muy raro que alguien decida hacer su estructura de ahorro en base a cripto.
¿A qué te referís exactamente cuando hablas de adopción responsable de tecnología?
Es una idea transversal que, en lo personal, la aplico a todas las herramientas. Desde inteligencia artificial, hasta una app de citas, o la industria de cripto, o las redes sociales, que también son tecnologías con las que no tenemos un comportamiento responsable. Pero bajando en la idea en torno a la industria de cripto, hacemos referencia a las expectativas. Bitcoin es para millones, no para millonarios. Y si yo adopto la tecnología con la idea de que “esto me va a salvar”, o voy a poner toda la indemnización que me dieron en un laburo, o el dinero del auto que vendió, o lo que sea, no importa cuál sea la fuente de origen en esto, porque esto va a ser la salvación, esa no es una idea ni responsable ni sustentable. Después también entender que es una tecnología que promueve la auto-custodia, es decir, tener la gestión y el cuidado de mi patrimonio digital. Nosotros no somos responsables de ninguno de nuestros patrimonios digitales. Fíjate, las fotos del verano que te sacaste, si yo te pregunto por una foto del 2008, no la vas a tener. Vas a tener las fotos que hayas subido a Facebook y punto. Y la custodia de esas fotos la tienen los servidores de Facebook, o de MySpace, o de Tik Tok. Si cambian las políticas, los términos y condiciones de uso, vos perdés el acceso a ese material. Porque no tenés la custodia. Bitcoin y las criptos son un patrimonio digital que sí me ofrece la posibilidad de auto-custodiarlo y que no es muy difícil en términos operativos porque es hacer un backup de 12 palabras claves y listo, o de 24 según el servicio que utilices. Cuidarlo, no perderlo, poner una política adecuada en la familia por si tengo algún incidente, que puedan acceder a eso. Es todo un tema , te lo dice una persona que ha perdido más de lo que tiene ahorrado por las malas gestiones de claves y criptos.
No son ni 10 años de experiencia profesional en este rubro, ¿qué cosas te sorprendieron, qué cosas aprendiste y en qué cosas no te fue bien?
Me fue muy mal con la auto-custodia. He bajado cualquier wallet y no hice los backups de forma adecuada, no me acordaba donde los había anotado. Haberme olvidado el celular en un Uber, se fueron ahí.
¿Cómo sugerís hacer el backup? ¿Cada cuánto?
El backup se hace cuando te instalás la billetera, cuando empezás. Lo tenés que hacer una sola vez, solo que lo tenés que guardar de una forma eficiente. Hagan un archivo y encriptan el archivo y lo guardan. O formas más caseras como si son 24 palabras claves, le divido 8 a una persona, 8 a otra que no se conocen y 8 me las quedo yo. Hay distintos mecanismos, pero sí, hay que ser diligente con eso. Para el dinero tradicional vos tenés diferentes formas de gestión. Vos tenés en el bolsillo probablemente la plata que necesites para comprarte algo en el kiosco. En la Sube, la que necesitas para viajar. En la cuenta de banco para pagar cuentas y si tenés algo, un ahorrito un poquito más grande, lo tenés en una caja de seguridad o debajo del colchón. Usás diferentes dispositivos para diferentes funciones. Nadie andaría con una caja fuerte en la espalda para ir a pagar el pan. Bueno, muchas veces la narrativa de Bitcoiner y la auto-custodia es como una caja fuerte digital. No podés andar con eso en la espalda para todos lados. La auto-custodia sirve para patrimonios a mediano, a largo plazo. Después para el día a día usás herramientas que son en custodia de terceros como los servicios que mencionábamos, los exchange, las casas de cambio, donde tengo la liquidez que necesito en cripto para operar para el día a día. Mi transportista no lo supo, pero yo le pagué Cabify con cripto porque se opera automáticamente. Y él lo recibió y no tenía ni idea del origen de ese dinero.
¿Qué pasó al principio cuando esta tecnología recién arrancaba? ¿Cómo explicabas a qué te dedicabas?
Mi familia pensaba que era testaferro de un narco. Eso es hermoso. Además, porque al poquito tiempo me vine a trabajar a Buenos Aires y me acuerdo de un viaje que dije: mirá, mamá, me pidieron del trabajo ir a Brasil, y mi mamá preocupadísima.
Ahora lo entienden un poco más, mi mamá se volvió usuaria, ha incorporado en su estructura de ahorro. Mi papá no, tiene más resistencias, pero entiende que es algo importante, entiende que tiene impacto, pero no lo ha incorporado a su vida cotidiana. Mi psicólogo de ese momento se arrepintió de no haberme aceptado cripto como método de pago. (risas) Yo en el 2016 tenía que explicar que esto no era ilegal. Hasta el 2019, arrancábamos las charlas introductorias explicando que no iban a meter a nadie preso.
¿Por qué decís que Bitcoin te hizo ser más feminista y ser más feminista te hizo ser más bitcoiner?
Las finanzas y la tecnología son dos cosas que usamos mucho y entendemos realmente poco. Entonces cuando empieza a suceder que desde que estoy cobrando con esto dejé de pensar en emigrar y estoy pensando en cómo constituirme acá, empezás a tener una mirada totalmente distinta del dinero en general. Y empezás a ver el dinero como lo que es, parte de una estructura de poder. Y empezás a sentir tu vínculo con el peso y con el dólar de una manera distinta. Y empezás a ver: este es el sistema financiero y quiénes están incluidos y quiénes están excluidos dentro del sistema financiero. Y también empezás a ver cosas como que las mujeres tuvimos igualdad crediticia en España recién en 1974. Empezás a pensar la estructura financiera: quién está adentro y quién está afuera. Entonces decís: la promesa de Bitcoin es la revolución financiera, la revolución de un sistema que está roto. Pero ves, también, que este sistema estaba roto para todos, pero para las mujeres nació roto. Nació con nosotras afuera. Y a mí, que no me habían entrado otras balas del feminismo, porque era más chica o porque estaba entornos donde creía que no me afectaba, de golpe está me cayó. Y además coincidió este crecimiento profesional en la industria Bitcoin con, también, a nivel personal, aspirar a roles de mayor liderazgo, ver que trabajando lo mismo que un varón cobro menos. Entonces se cruzaron esas dos cuestiones y sí, me tocó el feminismo. Sin ir más lejos, te he nombrado recién nombres de founders que arrancaron en la misma época que yo, a los que les vino capital de riesgo súper fácil, ellos tenían mucho mérito, pero con un camino muy distinto, no solo el que me vino a mí, sino a las 10 mujeres que éramos al principio. Es parte de lo que me hace el click de decir: hay que hacer algo. De las 10 mujeres que yo conozco de cuando empecé, ¿cuántas de nosotras emprendimos o son CEO versus cuántos varones? Y esa estadística de mi metro cuadrado es demoledora. Porque literalmente, partíamos del mismo lugar y los caminos son muy diferentes. Y entonces ese entendimiento del sistema financiero me hizo ser feminista y entender también que la única solución para esto, de momento, democrática, que podamos acceder sin barreras, es Bitcoin. Y entonces ser bitcoiner me volvió a abrazar con el feminismo, vinieron muy de la mano.
¿Qué consejo le darías a una joven argentina que quiere formarse y meterse en el mundo cripto?
Primero es que se puede. Que es difícil al principio la conversación y la negociación con una misma, pero que se puede, que es una comunidad súper abierta. Por más que sintamos que estamos alejadas del mundo de la especulación y del mundo del dinero, hay una sabiduría argentina en sortear los problemas, en leer lo nuevo, en la que hay que confiar. Confiar en una misma, se puede y capacitarse sin miedo. No quiere decir imprudentemente. Por ahí uno ve esos números súper grandilocuentes y parece como, yo no tengo 100 mil dólares para arrancar, que es lo que uno escucha que vale el Bitcoin. El tema es que vos podés por mucho menos empezar. Y el otro tema es que hay toda una industria que necesita mano de obra en todas las áreas. Desde comunicación, desarrollo, recursos humanos, hay muy poco personal especializado y es una industria que necesita esa especialización porque tiene alta rotación de empleo. Es terreno fértil para incorporarse.
¿Cuáles son tus proyectos a corto, mediano y largo plazo?
El sueño es que Mujeres en Bitcoin se transforme en un espacio de referencia para la industria. Que entienda que tenemos una población a la cual el activo le hace product market fit, o sea, la narrativa de Bitcoin se nutrió de esloganes como la libertad financiera, la emancipación, etcétera. Nunca hicieron un doble click para ver que la población mayoritaria detrás de esos recursos éramos mujeres. Entonces, que Mujeres en Bitcoin se transforme en la referencia de la industria y en el brazo de la industria para poder llevar ese territorio. Y por el otro lado, que las mujeres se sientan contenidas, empiecen a sentir esto como posible y que tengamos una gran comunidad a corto plazo. Y a mediano plazo hay otros sueños en los que podamos crear herramientas concretas costumizadas, pero ese es otro capítulo.